Llevas meses o incluso años con dolor. Has visitado a diferentes profesionales, te han realizado pruebas y has probado distintos tratamientos. Quizá también hayas escuchado frases como «tu espalda está muy dañada», «esto ya es para siempre» o «tienes que aprender a vivir con ello».

Poco a poco empiezas a hacer menos cosas. Dejas de entrenar, evitas determinados movimientos, reduces tus planes o necesitas pensar continuamente si una actividad hará que te encuentres peor al día siguiente.

Y llega un momento en el que el problema ya no es solamente el dolor: has dejado de confiar en tu cuerpo.

En Élite trabajamos con personas que llevan mucho tiempo en esta situación. Una de las primeras cosas que queremos transmitirles es que un dolor persistente no tiene por qué ser inmodificable ni obligarlas a renunciar a recuperar capacidad y calidad de vida.

¿Por qué sigo teniendo dolor después de tanto tiempo?

Suele hablarse de dolor crónico o persistente cuando este se mantiene o reaparece durante más de tres meses. Sin embargo, su funcionamiento es mucho más complejo de lo que se pensaba hace años.

Cuando existe una lesión, el dolor cumple una función de protección muy importante. No obstante, cuando persiste durante meses o años, su intensidad puede no corresponderse de manera proporcional con el estado de los tejidos.

Nuestro sistema nervioso utiliza mucha información para valorar cuándo necesita protegernos. Tiene en cuenta lo que ocurre en los tejidos, pero también nuestras experiencias anteriores, creencias, expectativas, nivel de estrés, descanso, atención y el contexto en el que realizamos una actividad.

Por eso, dos situaciones aparentemente similares pueden sentirse de manera muy diferente.

Seguro que alguna vez te has dado un golpe mientras practicabas deporte y apenas lo has notado hasta terminar. La señal procedente de los tejidos podía estar presente, pero el contexto y tu atención influyeron en cuándo y con qué intensidad percibiste el dolor.

Comprenderlo no significa que el dolor esté en tu cabeza. El dolor es completamente real. Significa que en su aparición y mantenimiento pueden participar distintos factores y que algunos de ellos se pueden trabajar.

Esto tampoco implica ignorar los tejidos ni pensar que todos los dolores crónicos funcionan igual. Una valoración individual permite identificar qué factores pueden estar interviniendo y determinar el abordaje más adecuado para cada persona.

Entender el dolor es el primer paso

En fisioterapia utilizamos la educación en dolor para ayudarte a comprender qué puede estar contribuyendo a tus síntomas y revisar determinadas creencias que pueden aumentar la sensación de vulnerabilidad.

La evidencia científica muestra que la educación en neurociencia del dolor puede ser útil en el tratamiento del dolor lumbar crónico, especialmente cuando se adapta a la persona y forma parte de una intervención más amplia que incluye movimiento y ejercicio terapéutico.

Pero no se trata de darte una explicación teórica y pedirte que simplemente la creas. Queremos que puedas experimentarla.

Puedes repetirte cien veces que tu cuerpo es fuerte, pero probablemente tenga mucho más impacto comprobar que eres capaz de caminar, agacharte, coger peso, entrenar o retomar una actividad que llevabas tiempo evitando.

Ahí comienza otra parte fundamental de la recuperación.

Volver a moverte para recuperar confianza

Imagina que durante años has recibido siempre los mismos mensajes:

«Cuidado. Mi cuerpo es frágil. Este movimiento puede hacerme daño. Si hago esto, mañana no podré moverme. Me han dicho que evite coger peso».

Es comprensible que termines moviéndote con miedo y evitando determinadas situaciones. El problema es que esta evitación puede reducir progresivamente tu capacidad y reforzar la percepción de que determinadas actividades son peligrosas.

Por eso comenzamos con objetivos realistas y aumentamos el desafío de manera gradual:

  • Caminar un poco más.
  • Volver a agacharte.
  • Permanecer sentado durante más tiempo.
  • Recuperar movimientos que habías dejado de hacer.
  • Entrenar fuerza de manera progresiva.

También podemos proponer experiencias en las que esperas que suceda algo negativo y compruebas, de forma controlada, que tu cuerpo responde mejor de lo que pensabas. Ese proceso ayuda a generar un nuevo aprendizaje y a recuperar seguridad en el movimiento.

No existe una progresión válida para todo el mundo. El ejercicio y la exposición al movimiento deben tener sentido para la persona, sus síntomas, sus objetivos y su situación.

El ejercicio terapéutico es una de las herramientas más estudiadas para el dolor lumbar crónico y puede ayudar a reducir el dolor y mejorar la función. Sin embargo, no consiste únicamente en fortalecer músculos. También puede utilizarse para recuperar capacidad, autonomía y confianza, mejorar la tolerancia al movimiento y aumentar la autoeficacia.

Recuperarse del dolor crónico también es recuperar vida

Uno de los pensamientos más frecuentes es:

«Cuando deje de doler, volveré a hacer cosas».

En algunos procesos de dolor persistente necesitamos empezar a darle la vuelta:

Volver progresivamente a hacer cosas para que el dolor deje de decidirlo todo.

La recuperación puede comenzar antes de que el dolor desaparezca por completo. Puede empezar cuando vuelves a salir, cuando recuperas una actividad que considerabas imposible, cuando una molestia deja de asustarte o cuando tienes herramientas para gestionar un día peor sin pensar que has perdido todo lo avanzado.

Un aumento puntual del dolor tampoco significa necesariamente que exista una nueva lesión o que el proceso haya fracasado. La evolución no siempre es lineal, y aprender a interpretar y manejar esos cambios también forma parte del tratamiento.

En Élite no queremos que dependas continuamente de nosotros para encontrarte bien. Nuestro objetivo es ayudarte a comprender tu dolor, recuperar movimiento y capacidad, afrontar progresivamente aquello que has ido evitando y volver a confiar en tu cuerpo.

Porque, después de mucho tiempo pensando «no puedo», uno de los cambios más importantes puede comenzar con una frase tan sencilla como:

«He sido capaz».

Si llevas tiempo con dolor y has dejado de confiar en tu cuerpo, en Élite podemos valorar tu caso y ayudarte a recuperar capacidad, autonomía y seguridad mediante un proceso adaptado a ti. Contacta con nuestro equipo de fisioterapia en Málaga y cuéntanos tu situación.

Referencias científicas

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