Cuando la mayoría de jugadores piensa en la pretemporada, suele imaginar el primer día con el equipo: pruebas físicas, carrera continua, balón y esa sensación de “volver a empezar”. Sin embargo, en un contexto de rendimiento real, ese punto de partida llega tarde.

La pretemporada no empieza cuando pisas el campo con tu equipo. Empieza semanas antes, en una fase que muchas veces se pasa por alto, pero que resulta determinante para el rendimiento durante toda la temporada.

En Élite Málaga trabajamos bajo una idea clara: el rendimiento no se improvisa. Por eso, entendemos la preparación desde un enfoque estructurado que comienza antes del inicio oficial de la pretemporada.

La importancia de empezar antes: la pre-pretemporada

Un jugador que llega al primer entrenamiento del equipo con el objetivo de “ponerse en forma” parte con desventaja. En el fútbol actual, donde las exigencias físicas son cada vez mayores, no basta con adaptarse progresivamente durante las primeras semanas.

La preparación debe comenzar aproximadamente 6 semanas antes del inicio con el equipo, en una fase planificada y progresiva que tiene un objetivo muy concreto: llegar preparado para rendir desde el primer día.

Este periodo previo permite construir una base física sólida, reducir el riesgo de lesión y mejorar la capacidad de afrontar las cargas de trabajo posteriores. En definitiva, marca la diferencia entre competir con garantías o limitarse a sobrevivir durante las primeras semanas de la temporada.

Fase 1 (Semanas 1 y 2): construcción de la base física

Las dos primeras semanas de trabajo están orientadas a recuperar una base general de movimiento y condición física. Tras un periodo de menor actividad o descanso, el cuerpo necesita reintroducir de forma progresiva las cargas de entrenamiento.

Durante esta fase, los principales objetivos son:

  • Recuperar patrones básicos de movimiento
  • Mejorar la capacidad aeróbica general
  • Reintroducir el trabajo de fuerza
  • Preparar articulaciones y tejidos para cargas posteriores

El enfoque en esta etapa es global. No se busca todavía la máxima intensidad, sino reconstruir una base sólida que permita avanzar con seguridad hacia fases más específicas.

Un trabajo bien realizado en estas primeras semanas facilita la adaptación del cuerpo y reduce el riesgo de molestias o lesiones en fases posteriores.

Fase 2 (Semanas 3 y 4): transición hacia el fútbol

Una vez consolidada la base general, el entrenamiento evoluciona hacia un contexto más específico. Esta fase actúa como un puente entre el trabajo genérico y las demandas reales del fútbol.

En estas semanas se introducen progresivamente:

  • Cambios de ritmo
  • Aceleraciones y desaceleraciones
  • Trabajo de fuerza más específico
  • Movimientos propios del juego

El objetivo es preparar al jugador para las exigencias reales de la competición. El cuerpo comienza a adaptarse a esfuerzos más intensos, a gestionar mejor las transiciones y a responder a estímulos más complejos.

Esta fase es clave para que el paso al entrenamiento con el equipo no suponga un choque brusco, sino una progresión lógica.

Fase 3 (Semanas 5 y 6): especificidad y alto rendimiento

En las últimas semanas antes del inicio oficial de la pretemporada, el entrenamiento se centra en la especificidad total. El jugador debe estar preparado para afrontar situaciones muy similares a las que encontrará en el juego real.

Durante esta fase se trabaja con:

  • Alta intensidad
  • Repetición de esfuerzos
  • Acciones explosivas
  • Contextos cercanos al juego

Aquí ya no se trata solo de estar en forma, sino de estar preparado para rendir. El jugador debe ser capaz de soportar cargas altas, recuperarse rápidamente entre esfuerzos y ejecutar acciones de forma eficiente.

Llegar a esta fase sin haber construido una base previa adecuada aumenta el riesgo de fatiga, bajo rendimiento o lesión.

El papel del core en la preparación del futbolista

Dentro de todo el proceso de preparación, el trabajo del core juega un papel fundamental. La zona media del cuerpo actúa como el principal centro de transferencia de fuerza entre el tren inferior y el superior.

En acciones como los cambios de dirección, los saltos, los golpeos o las aceleraciones, la eficiencia del movimiento depende en gran medida de la capacidad del core para estabilizar, transmitir y controlar la fuerza.

En Élite Málaga damos especial importancia a este trabajo, enfocándolo en:

  • Estabilidad
  • Control motor
  • Antirotación
  • Transferencia de fuerza

Un core bien entrenado no solo mejora el rendimiento, sino que también contribuye a reducir el riesgo de lesión, especialmente en una disciplina como el fútbol, donde las acciones explosivas y los cambios de ritmo son constantes.

Profesionalizar la preparación: la clave del rendimiento

Uno de los errores más habituales en jugadores amateur y semiprofesionales es tratar la pretemporada como un periodo de adaptación improvisada. Sin embargo, el fútbol actual exige un enfoque mucho más profesional.

La preparación debe contemplar:

  • Planificación estructurada
  • Control de cargas
  • Progresión adecuada
  • Objetivos claros en cada fase

Entender el verano como una fase clave del rendimiento permite llegar en mejores condiciones al inicio de la temporada y sostener ese nivel durante más tiempo.

No se trata solo de entrenar más, sino de entrenar con criterio.

Conclusión

La pretemporada no empieza el primer día con el equipo.

Empieza semanas antes, en un periodo donde se construyen las bases físicas que marcarán el rendimiento durante toda la temporada. Preparar ese proceso de forma adecuada permite competir desde el inicio, reducir el riesgo de lesión y optimizar cada entrenamiento. En Élite Málaga trabajamos la preparación de futbolistas desde un enfoque global e individualizado, adaptando cada fase a las necesidades del jugador. Si quieres llegar en las mejores condiciones a tu temporada y rendir desde el primer día, podemos ayudarte a planificar y ejecutar tu preparación de forma eficiente.